Navidad, un tiempo para la reflexión en medio de la tormenta

Por Walter Calabrese

Todos los años nos encontramos la noche del 24 de diciembre para brindar en familia y con amigos, es un momento de alegría y de recuerdos. También puede ser un tiempo de reflexión para recordar que en una fecha similar un hombre valiente daba su vida por todos en una cruz. Sí, deberíamos conmemorar el nacimiento de Jesús más allá de las creencias de cada uno, porque es imposible soslayar su presencia en la historia de la humanidad.

Hoy, a más de 2000 años de su muerte sigue siendo el Redentor, el Dios que se hizo hombre para enseñarnos un camino para vivir mejor. Sus enseñanzas han quedado registradas en la Biblia, su pasión por el prójimo se retrató en cada gesto y palabra que pronunciaba.

Cabe preguntarse hoy, entonces, ¿hemos seguido las enseñanzas de Jesús, cuidamos del prójimo? Si analizan rápidamente el rumbo del mundo en la actualidad verificamos inmediatamente que seguimos fallando. Desafortunadamente, el hombre ha quedado mirándose el ombligo para satisfacer a ese enano fascista llamado ego que nos reclama aplausos a cada instante, y en ese movimiento narcisista, lamentablemente, perdió de vista al prójimo. Este comportamiento, cuando se exacerba se traduce en guerras, narcotráfico, gente que realiza matanzas en colegios o universidades, tensión racial, como lo hemos visto en EEUU, Siria en llamas, israelíes y palestinos peleando por una porción de territorio, xenofobia en Europa, México cayendo en el pozo de las narcomafias, la poca voluntad de EEUU para trabajar en contra del cambio climático al retirarse del Acuerdo de París, persecución por motivos ideológicos, y así podríamos seguir enumerando muchas crisis más que dan cuenta de lo poco que se tiene en cuenta al prójimo a la hora de tomar decisiones políticas locales y globales.

En definitiva, vivimos en un mundo desigual, sin equidad social, que se aferra a recetas neoliberales para solucionar cuestiones que nacen en la raíz social y que sólo pueden resolverse con solidaridad y sensibilidad social. En Argentina, hemos entrado en una etapa de ajustes permanentes en busca del equilibrio fiscal, avasallando con ello las conquistas y derechos adquiridos por los trabajadores y jubilados. Una economía desprovista de sensibilidad social va derruyendo poco a poco el mercado interno y su capacidad de generar empleo, a la vez que tiende a desmembrar el tejido social. Las reformas previsionales y laborales pretenden reducir los “gastos” del Estado para beneficiar a la Provincia de Buenos Aires, el territorio donde se definirá la suerte del gobierno en 2019. El egoísmo natural del político que adhiere férreamente al credo neoliberal no entiende del costo político que significa ningunear a los más necesitados. Este modelo país está pensado para que un selecto grupo de empresarios puedan hacer grandes negocios en condiciones de precarización del trabajo como condición para que resulte la ecuación.

Como dice el escritor Martín Kohan al preguntarse si a Mauricio Macri le falta sensibilidad social: cree “que no, que a nadie le falta lo que, en rigor, no necesita. Y el proyecto político que impulsa Mauricio Macri no necesita sensibilidad social. Al revés, diría incluso que necesita no tenerla, que hasta podría resultarle un obstáculo para implementar las medidas que se propone aplicar”. Lo de Pobreza cero a esta altura parece un chiste viejo, ni siquiera se lo plantean como objetivo de Estado, en cambio, podría reemplazarse por un nuevo lema: sensibilidad social cero.

Si se toman los datos del último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), se entiende que la mitad de los niños viven en hogares pobres en nuestro país. Los datos son contundentes: el 31,4% de la población urbana es pobre, de los que un 5,9% son indigentes. La investigación remarca que la pobreza afecta más a los niños, el 48,4% de los menores de 14 años vive en hogares muy humildes, lo que eleva la cifra a 5.200.000 menores de edad, un número escalofriante.

Otro dato que llama poderosamente la atención del informe es el tema de la desigualdad, en donde indica que los más ricos se quedan con más de un tercio de los ingresos (31,8%), en tanto los más pobres sólo con un 1,7%. Esto significa que las clases altas “ganan 18 veces más dinero que los que menos tienen”.

“La Argentina sigue manteniendo un tercio de la población bajo la línea de pobreza por ingresos o por derechos”, sostiene Agustín Salvia, coordinador del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, autor del informe, quien sostuvo también que “Los pobres son ahora más pobres que antes”.

Si cerca de 13 millones de personas se encuentran por debajo de la línea de pobreza, los niveles más altos registrados desde que se realiza el informe (2010) algo anda muy mal. A eso, se suma una incomprensible reforma previsional que va a afectar a jubilados, pensiones por discapacidad y asignación por hijo. Cuanta impericia por parte del gobierno de Cambiemos para afrontar los problemas sociales y encauzar la economía para generar más empleo. Cuanta insensibilidad social, demasiado marketing efectista, eso no alcanza para tapar el sol con las manos, aunque quieran dibujar un mapa distinto al real en algún momento surge la geografía real para indicarnos que no se va por buen camino.

No aprendimos nada de las anteriores crisis, ni los 90 ni el 2001 parecen traer a la memoria los resultados de las medidas implementadas por los ajustes “sugeridos” por el FMI. Hoy, lamentablemente, por el excesivo endeudamiento externo en que ha incurrido este gobierno volvemos a estar de rodillas ante el FMI. Hace exactamente un año, el organismo recomendaba un ajuste en el área previsional. El 20 de diciembre de 2016, el diario Clarín publicaba en una nota titulada Jubilaciones: el FMI pide cambios y subir la edad de las mujeres a los 65 años: “Con el argumento de que el régimen previsional no es sustentable, el Fondo Monetario Internacional (FMI) propone aumentar en forma gradual la edad de jubilación de las mujeres llevándola de la actual opción a los 60 años a los 65 años. Además plantea reducir un 20% la fórmula de cálculo de las nuevas jubilaciones. Y también propone modificar la fórmula de movilidad que ajusta 2 veces por año los haberes”. Hace pocos días, como un alumno obediente, el gobierno presionó para que salga con fritas la reforma previsional.

Christine Lagarde, Jefa del FMI

Ni siquiera escuchan las sugerencias del Papa Francisco cuando se refiere a la crisis económica y social actual. Hace pocos días el Santo Padre criticó “el flagelo de la deuda externa en Latinoamérica” y pidió “un compromiso más firme para mejorar las condiciones de vida de todos”. Queda bastante claro que el neoliberalismo no comulga con los preceptos cristianos, para ellos el prójimo es sólo un número más en sus estadísticas.

Sigue faltando mucho para encontrarnos con un mundo hermanado pensado para que cada ser humano tenga las mismas posibilidades de vivir dignamente. Y eso es justamente lo que nos enseñó Jesús, fue el primero en hablar de inclusión social. Algo que le produce urticaria al actual gobierno, puesto que el modelo macrista no incluye mejorar la calidad de vida de los más necesitados. Amparados en la idea de la grieta han soltado todo tipo de teorías para justificar el ajuste alegando que no se debe volver al pasado, como si todo lo anterior hubiera sido paupérrimo. Hubo errores y aciertos en las anteriores gestiones, pero no sirve borrar todo y empezar de la nada, porque la historia de los pueblos se fue construyendo con sacrificio, luchas y la consecución de derechos para proteger a los trabajadores. Ignorar la historia de nuestro país es un acto irresponsable, pues es una inagotable fuente de conocimiento para rescatar lo bueno y evitar repetir desaciertos. La historia nos enseñó como las recetas neoliberales fracasaron una y otra vez en nuestro país, por qué repetir ese camino sabiendo donde termina. Inexplicable para muchos, negocios para pocos, esa sería la respuesta.

Las ideologías políticas no deberían alejarnos de Dios ni confundir sus enseñanzas con lo que ha hecho la Iglesia. El legado de Jesús es mucho más grandioso que cualquier diferencia coyuntural o conflictos de poderes. La fe y la política pueden caminar perfectamente juntas sin tropezarse una con otra. Incluso la Biblia afirma que debemos respetar a nuestras autoridades en todo tiempo y lugar. No obstante, es imperioso recordar que las Sagradas Escrituras remarcan la necesidad de cuidar del prójimo, de ayudar a los más necesitados, de procurar que cada familia tenga todo para vivir dignamente. Sería bueno que nuestros funcionarios leyeran más seguido las enseñanzas de Jesús para mirar al pueblo con mayor benevolencia y respeto, procurando legislar para mejorar su calidad de vida.

Las ideologías políticas no deberían alejarnos de Dios ni confundir sus enseñanzas.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, señaló Jesús para indicarnos por donde está la salida. La Navidad es un buen tiempo para reflexionar sobre ello y para pensar que podemos aportar cada uno para hacer un mejor país.

Que Dios habite en sus hogares con la paz de Jesús. Ha sido un año difícil, lleno de controversias políticas y sociales, pero a pesar de ello confío plenamente en que Dios hará justicia con el pueblo argentino, no permitirá más maltrato ni ajustes que hagan insostenible la economía familiar.

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