Por Walter Calabrese*
En una jornada que marcará una antes y un después en la gestión de gobierno de Javier Milei, la histórica Fábrica Argentina de Telas Engomadas (FATE) anunció el cese definitivo de sus operaciones, despidiendo a 920 trabajadores y cerrando sus puertas tras más de 80 años de historia en la industria del neumático. La firma, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, cesó sus actividades desde hoy en su planta Virreyes, Partido de San Fernando, en la Provincia de Buenos Aires.
El cierre de la empresa ocurre luego de varios años de dificultades financieras y como resultado de una erosión recurrente de la competitividad, algo que venía denunciando sus directivos desde el año 2024. En ese contexto, el crecimiento de las importaciones de cubiertas chinas agravó la posibilidad de competir con los menores precios de ese país. A ello, se le suma el complejo escenario macroeconómico que combinó sobrecarga impositiva, restricciones cambiarias y falta de incentivos para la exportación, lo que generó profundas asimetrías en el comercio exterior frente a los productos importados, junto a la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores, la caída de ventas en la industria automotriz y una llamativa desprotección de la industria nacional por parte del Gobierno de Milei. Esas barreras produjeron un combo letal para la industria, lo que derivó en que producir un neumático en nuestro país fuera mucho más costoso que importarlo.
«Los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente, sin dejar de valorar la vocación industrial que nos ha definido siempre», indicaron desde la fábrica de Virreyes. La empresa describe cómo la competencia con productos fabricados en China resultó en la inviabilidad de sostener la producción local ante la apertura indiscriminada dispuesta por el gobierno de Milei. Es muy difícil competir con semejanza diferencia en la estructura de costos y desprotección de la industria nacional.
Según datos del sector, en el mes de mayo de 2025 hubo un récord histórico de importaciones, en el que ingresaron a la Argentina 869.525 neumáticos, el número más alto en los últimos 20 años. Esas importaciones fueron casi exclusivamente de China, que ocupó el 78 por ciento del rubro autos y camionetas. Esa abrupta llegada de neumáticos chinos empujó a las marcas que se fabricaban en el país a achicar su esquema de precios hasta un 15% para estar en condiciones de competir, una jugada que resultó inviable para poder mantener la producción local.
Los números de 2025 también indican que entre enero y junio las importaciones de neumáticos chinos crecieron 37,2 por ciento interanual, un incremento que fue impulsado gracias a la eliminación de normativas burocráticas y la baja en los costos de la logística internacional. La contracara de esa avalancha de productos asiáticos, se vivió en las tres plantas que producen cubiertas en el país, tanto Fate como Pirelli y Bridgestone tuvieron que hacer frente a ese difícil panorama de intercambio comercial, puesto que la industria del caucho y el plástico terminó el año 2025 con una baja del 22,1 por ciento.

Informe de CIEN
En la actualidad, según datos del mercado, entre el 85 y el 90 por ciento de las cubiertas que venden en Argentina son importados. En este contexto, Fate venía produciendo al 30 por ciento de su capacidad instalada, solo llegaba a producir 150 mil neumáticos mensuales, en sintonía con lo que le ocurre al sector del caucho, que según cifras del INDEC rondaba el 33,4 por ciento de la capacidad en diciembre de 2025.
Otro de los motivos que sostiene la crisis tiene que ver con el derrumbe de la producción nacional de autos, puesto que la fabricación de neumáticos tiene una alta relación con ella. El rubro automotriz cayó 22,5% en 2025.
El comunicado del Directorio de Fate
En la mañana del miércoles 18 de febrero, los empleados se encontraron en la entrada de la empresa con un cartel que contenía un comunicado en donde se anunciaba el cierre de Fate. El texto decía lo siguiente:
IMPORTANTE
Informamos que a partir del día de la fecha FATE S.A.I.C.I. cesa la actividad en su planta industrial de San Fernando, Provincia de Buenos Aires.
A lo largo de más de ochenta años FATE construyó un liderazgo industrial basado en el empleo calificado, la inversión permanente, el desarrollo tecnológico y un compromiso con la calidad.
Los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente, sin dejar de valorar la vocación industrial que nos ha definido siempre.
En consecuencia, informamos que, en este contexto, y tras haber realizado los mayores esfuerzos posibles para evitarlo, nos vemos obligados a extinguir todos los contratos de trabajo. Las indemnizaciones de ley y haberes pendientes se depositarán dentro del plazo legal.
Agradecemos a colaboradores, proveedores y clientes, que confiaron e hicieron posible nuestra industria.
EL DIRECTORIO
18 DE FEBRERO DE 2026
Fate

Un impacto laboral para la industria nacional
El cierre de la planta en Virreyes es un tremendo sacudón para el tejido productivo del conurbano bonaerense, 920 familias quedan sin empleo y cae una empresa emblemática de la industria nacional, que se había construido con capitales argentinos, generaba empleos calificados, sostenía una red de proveedores locales, a la vez que exportaba productos de alta tecnología en el rubro.
Sin duda, el impacto fue visto atentamente por la opinión pública como un severo revés para el Gobierno nacional y su fallida política económica, pues la caída de una fábrica tan poderosa pone en duda las medidas adoptadas, en un panorama socioeconómico desfavorable para Pymes, industrias, comercios y muchas familias que no llegan a fin de mes con su sueldo. La caída de Fate hace mucho ruido, en particular, porque se empieza a cuestionar la presión importadora y la consecuente caída de la actividad industrial nacional, por dejarla a la deriva y sin ninguna protección.
Si bien el Gobierno llamó a una conciliación obligatoria por 15 días, la empresa de la familia Madanes Quintanilla salió a aclarar rápidamente que lo anunciado no se vincula con un concurso preventivo de acreedores y descartó de plano cualquier “reestructuración o plan de salvataje”. Concluyeron que se considera un cierre total con liquidación de activos y pago de indemnizaciones conforme a la ley vigente. “Se liquida todo y se baja la persiana”, indicaron.
El escenario que sigue abre varios interrogantes para las industrias argentinas, la salida de un jugador tan importante como Fate va a reconfigurar el escenario de la industria del neumático en Argentina y mantiene dudas sobre la real capacidad local para poder mantener la producción de cubiertas para camionetas y camiones sin la dependencia de le productos importados.
El modelo de Milei hace agua por todos lados, en especial, por la descontrolada apertura de importaciones, que ha dejado un gran tendal de empresas, comercios y pymes en el camino, generando una cruel crisis del empleo y aumento de la pobreza. En dos años de gestión de Milei, la Argentina perdió 294.400 puestos de trabajo, según datos oficiales. Es necesario recordar cómo se fue construyendo esta crisis de la industria, con los cambios en la política comercial se encendieron las mechas para detonar a la industria: el Gobierno había reducido los aranceles de importación para neumáticos de camiones y buses de un 35 al 16 por ciento, con la supuesta excusa de reducir “costos logísticos”. Esa medida, junto a la continuidad de los derechos de exportación generó una brecha de costos de producción con los productos provenientes del extranjero, situación que resultó insostenible para Fate y otras empresas que también sucumbieron.
Durante el 2025, el empresario Madanes Quintanilla había realizado una crítica al Gobierno nacional, advirtiendo que la economía había entrado en un proceso de “desnacionalización”. Además, sugirió que había que ser “cuidadosos” con los regímenes de incentivos para la llegada de inversores.

La industria viene en picada, y el cierre de Fate se inscribe en ese amplio retroceso y deterioro de la capacidad de producción y sostenimiento del empleo. Son varios meses en que la capacidad instalada de la industria vuelve a decaer, ubicándose en niveles similares a los vividos durante la pandemia: en diciembre del año pasado llegaba al 53,8% y en noviembre con el 57,7%. Los analistas económicos han realizado informes en donde dan cuenta de la abrupta caída de la actividad industrial, un gran retroceso en el empleo formal y una creciente presión de las importaciones sobre la fabricación de productos nacionales.
Los informes también registran que cerca de la mitad de las empresas han registrado fuertes caídas en las ventas internas, más del 20 por ciento ha reducido personal, y un número importante de instituciones privadas tiene serias dificultades para estar al día con los pagos a proveedores e impuestos. Esta disminución de la actividad productiva conduce a una baja del empleo formal desde fines de 2023, con ello se perdieron miles de puestos de trabajo en el sector manufacturero y otros industrias, en un escenario socioeconómico que se complica por la menor demanda interna y la incesante presión competitiva empujada por la liberación de importaciones.
Ante este panorama desfavorable, la Unión Industrial Argentina (UIA) después haberse reunido el pasado viernes con el ministro de Economía, Luis Caputo, para apoyar la reforma laboral, hubo un cambio de postura en la UIA por el impacto del cierre de Fate. Los representantes de la industria manifestaron su preocupación por la caída de la actividad y el severo deterioro del empleo registrado al emitir un duro comunicado por el cierre de Fate. La entidad presidida por Martín Rappallini se pronunció sobre el cierre de Fate y señaló que la industria ha perdido 65.000 empleos en los últimos dos años.
En el comunicado, la UIA expresó su preocupación por el cierre de “una empresa de origen nacional con décadas de trayectoria en el desarrollo industrial argentino y generadora de empleo, tecnología y cadenas de valor locales”. También recalcó que “detrás del cierre de una fábrica hay trabajadores, familias, proveedores, transportistas, pymes vinculadas y comunidades enteras que dependen de ese núcleo productivo” y además agregaron que “cada planta industrial que se apaga implica la pérdida de conocimiento acumulado, empleo calificado y entramados productivos que tardan décadas en construirse”.
Rappallini reconoció el delicado momento que atraviesa la industria nacional al afirmar que “el cierre de Fate no puede analizarse como un episodio aislado, sino como parte de un fenómeno integral donde sectores industriales enteros enfrentan situaciones de competencia internacional fuertemente distorsionada”. Su análisis incluye la desproporcionada llegada de importaciones y productos que llegan con precios de dumping, enfatizando que “la industria del neumático es uno de los casos más evidentes de sobrecapacidad global y prácticas comerciales desleales, especialmente provenientes de Asia”.
En ese sentido, la UIA aclaró que “la experiencia internacional demuestra que las principales economías del mundo han adoptado medidas para defender sus cadenas de valor estratégicas frente a situaciones de dumping, subsidios encubiertos o distorsiones sistémicas”. Algo que Donald Trump ha puesto en práctica para defender la industria estadounidense, pero aquí la palabra proteccionismo es mal vista por Milei y su equipo económico, sólo creen en un equilibrio fiscal ficticio, dadas las pruebas que se filtraron del manejo espurio de los números del INDEC.
En su relato, la UIA mantuvo su enfoque: “queremos ser claros: la industria argentina pide igualdad de condiciones para competir, con un esquema impositivo razonable, financiamiento accesible, infraestructura eficiente y un marco laboral moderno”, y continuó: “cuando esas condiciones no existen, la apertura sin convergencia competitiva termina destruyendo capacidades productivas, empleo y conocimiento acumulado durante décadas”.
El mensaje tiene un nuevo matiz, busca alzar la voz entre tanto desguace industrial y laboral, por eso remarca claramente que “la industria argentina tiene un desafío ineludible: ofrecer a los consumidores precios y calidades internacionales. Ese debe ser el horizonte estratégico del sector productivo”. Pero puntualizó que para “alcanzar ese objetivo requiere un esfuerzo conjunto: inversión empresarial, mejora continua, capacitación, modernización laboral y un entorno macroeconómico y regulatorio que acompañe la transformación, para que producir en la Argentina sea tan competitivo como en cualquier otro país”.
Por otra parte, un informe de la Consultora PxQ realiza un extenso análisis de cómo se fue gestando la crisis industrial en la producción de neumáticos. La investigación considera que la apertura de la importación “puede actuar como un ancla de precios, pero al mismo tiempo genera costos sobre sectores de la economía con menor competitividad relativa, muchos de los cuales son intensivos en empleo”, aunque el Gobierno de Milei “parece decidido a priorizar la desinflación por sobre el empleo y la actividad”, con un alto riesgo sobre la producción nacional.
Las políticas del Gobierno de Javier Milei han ido destruyendo y anulando el aparato productivo nacional desde su misma llegada a la Casa Rosada. Con la apertura indiscriminada de importaciones, la desprotección del mercado interno y la retracción del mercado automotriz, ha puesto una enorme piedra en el camino para la defensa de la industria nacional. En este contexto, el cierre de la planta de Fate es la confirmación fatídica de ese modelo anti industrial, es la evidencia indiscutible de un estruendoso fracaso del modelo económico libertario.
En dos años, las políticas de Milei terminaron con un liderazgo industrial de 80 años que se había basado en la inversión en tecnología y la expansión exportadora. Fate fue la primera industria nacional en proveer neumáticos radiales para autos y el transporte, tanto a nivel local como a Europa, EEUU y América latina.

La planta de Fate en Virreyes, Provincia de Buenos Aires
El cierre de Fate es un duro golpe para la industria nacional, es un llamado de atención fuerte para que el empresariado local pueda unirse para levantar la voz frente a la desidia del Gobierno nacional en materia socioeconómica.
Fate deja de existir como productora local después de 80 años de historia. Fue la única empresa de capitales nacionales en el sector, líder histórico en exportaciones, pionera en tecnología radial en Sudamérica, y emblema de la industria argentina. Su salida representa no solo la pérdida de 920 empleos directos, sino el fin de una era industrial que supo sobrevivir a múltiples crisis económicas argentinas, desde la hiperinflación de los 80 hasta el corralito de 2001, pero no pudo resistir la combinación de apertura comercial desmedida, caída del consumo interno y la insensibilidad de un gobierno que sigue caminando por la cornisa al descuidar la industria nacional.
El mundo gira en un sentido desordenado, se habla de que la era Trump ha roto con normas internacionales que equilibraban el tablero global. En ese escenario, donde los límites y las fronteras se diluyen ante las guerras comerciales y militares, la economía se funde en penumbras ante los caprichos del líder norteamericano y su ácido proteccionismo. En ese contexto difuso, Milei sigue creyendo que se erigió como el gran protagonista del escenario mundial, cuando en realidad ha convertido a la Argentina en un mero actor de reparto en la tragicomedia global dirigida por Trump. Y en esa repartija de segunda, apenas nos quedan algunas migajas que caen de un mercado dominado por las grandes corporaciones trasnacionales.
En un mundo tan complejo no alcanzan las pantomimas mediáticas que elabora Milei en X para quedar bien con su amo del norte. Argentina necesita un liderazgo genuino que defienda los intereses de cada argentino, incluidas las Pymes y la industria nacional.
Periodista*
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