Por Silvia Romero
El año 2026 encuentra a la Argentina dentro de una tendencia preocupante: el aumento sostenido de eventos climáticos extremos. Olas de calor más intensas, incendios forestales, sequías prolongadas, tormentas severas e inundaciones repentinas forman parte de un escenario que ya no es excepcional sino cada vez más frecuente. A esto se suman desafíos sociales y de gestión ambiental que aumentan la vulnerabilidad de muchas comunidades.
Entender qué está pasando — y cómo cuidarnos — es hoy una herramienta de prevención fundamental.
Más calor, más extremos
Los registros recientes muestran que los últimos años han sido de los más cálidos desde que existen mediciones instrumentales. En el inicio de 2026 se observaron:
- Olas de calor prolongadas en varias regiones
- Temperaturas superiores a 40 °C en zonas urbanas
- Alertas sanitarias por estrés térmico
- Mayor demanda energética y cortes de servicio

El calor extremo no solo genera incomodidad: aumenta el riesgo de deshidratación, golpes de calor, descompensaciones cardíacas y agravamiento de enfermedades crónicas, especialmente en personas mayores, niños pequeños y pacientes con hipertensión o diabetes.
Tormentas más intensas e inundaciones repentinas
Aunque el año presenta señales de fase “Niña débil” (asociada a déficits de lluvia en varias zonas), eso no impide la aparición de tormentas muy intensas en períodos cortos. Este patrón — sequía + tormentas concentradas — es cada vez más común.
Esto produce:
- Inundaciones urbanas rápidas
- Saturación de desagües
- Caída de árboles y postes
- Daños en viviendas precarias
- Interrupciones de transporte y servicios

Las inundaciones siguen siendo el fenómeno que más pérdidas económicas y sociales genera en el país.
Sequía e incendios forestales
La combinación de:
- altas temperaturas
- vegetación seca
- vientos intensos
- baja humedad
favorece incendios de rápida propagación, especialmente en Patagonia, región central y zonas de monte.
Los incendios ya no son solo rurales: muchos avanzan sobre áreas periurbanas, poniendo en riesgo viviendas y comunidades.

Riesgos socioambientales que agravan el escenario
El impacto climático no actúa solo. Se combina con factores estructurales:
- Degradación de suelos
- Deforestación
- Expansión urbana sin planificación hídrica
- Infraestructura de drenaje insuficiente
- Retroceso de glaciares andinos (reserva estratégica de agua)
- Debilitamiento de programas científicos y de monitoreo ambiental
Cuando el territorio está más degradado, los eventos extremos impactan más fuerte.
Un punto clave: prevención comunitaria
La experiencia muestra que las comunidades organizadas — con información, protocolos y redes de cuidado — reducen significativamente los daños. La prevención no es solo estatal: es también barrial, escolar y familiar.
Prepararse no es alarmarse. Es cuidarse.



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