15/02/2026

Infografía Política

Repensando la aldea global

Técnicas ancestrales que resisten el cambio climático

De los andes peruanos a las comunidades amazónicas, sistemas milenarios de gestión del agua vuelven a demostrar su efectividad frente a sequías e inundaciones

Por Silvia Romero

En medio de la crisis climática, cuando las inundaciones arrasan ciudades y la sequía amenaza la agricultura, una solución está bajo nuestros pies: las técnicas que nuestros ancestros perfeccionaron hace miles de años.

En Perú, infraestructuras de agua construidas hace 4.000 años siguen funcionando. No son ruinas museables, sino sistemas vivos que canalizan, almacenan y purifican el agua usando únicamente la topografía natural, la gravedad y el conocimiento profundo del territorio.

Cinco estrategias ancestrales que Perú nunca dejó de usar

  • Las amunas: la «siembra de agua» andina

En las laderas de la sierra peruana, redes de canales de piedra recogen el agua de lluvia y la desvían hacia zonas porosas del terreno. Allí se infiltra y queda almacenada en el subsuelo, como en una cuenta bancaria hídrica. Meses después, durante la estación seca, esa misma agua resurge en manantiales y vertientes.

Resultado: aumenta el caudal de ríos en temporada seca hasta en un 33%, garantizando agua para consumo y agricultura cuando más falta hace.

Amuna
  • Los andenes: agricultura en las nubes

Estas plataformas escalonadas talladas en laderas de cerros son mucho más que «escaleras para plantar». Aumentan el área cultivable en terrenos imposibles, capturan el agua de lluvia de manera controlada, evitan que el suelo se lleve el agua corriendo cuesta abajo y protegen los cultivos de heladas nocturnas.

Resultado: seguridad alimentaria en zonas de altura donde el clima es hostil y el terreno, escarpado.

Andenes
  • Waru waru: camellones que vencen al frío y al agua

En el Altiplano, donde las inundaciones y las heladas pueden destruir una cosecha en horas, los agricultores ancestrales diseñaron camellones —montículos de tierra elevados para cultivar— rodeados de canales de agua. El agua circulante regula la temperatura, protegiendo las plantas de las heladas, y absorbe el exceso de lluvia, evitando anegamientos.

Resultado: cosechas estables en uno de los ambientes más extremos del planeta.

Waru waru
  • Cochas: represas que recargan la tierra

Pequeñas lagunas artificiales excavadas en la puna andina capturan agua de lluvia y deshielo. No solo almacenan para riego inmediato: permiten que el agua se filtre lentamente hacia acuíferos subterráneos, creando reservas invisibles que alimentan manantiales meses después.

Resultado: agricultura sostenible en zonas donde el agua escasea seis meses al año.

Cocha
  • Acueductos subterráneos: el misterio de Nazca

En las zonas áridas de la costa peruana, sistemas subterráneos captan agua subterránea y la transportan a través de galerías con pendiente calculada al milímetro. Sin bombas, sin electricidad, sin pérdida por evaporación bajo el sol desértico.

Resultado: suministro de agua constante en medio del desierto, gestionado por comunidades organizadas desde hace siglos.

¿Qué tienen en común? Respeto y organización

Todas estas tecnologías nacieron de una cosmovisión donde la naturaleza no es un recurso para explotar, sino una aliada para cuidar. No usan cemento ni maquinaria pesada. Su supervivencia durante siglos —incluso milenios— depende de algo que la ingeniería moderna a menudo olvida: la gestión comunitaria del agua.

Las comunidades organizan la limpieza de canales, la rotación de turnos de riego y la distribución equitativa del recurso. El conocimiento se transmite de generación en generación, asegurando que las infraestructuras no solo existan, sino que funcionen.

«Son infraestructuras inspiradas en la naturaleza que siguen funcionando. Nos pueden inspirar incluso en el diseño de nuevas obras», explica Jordi Morató, director de la Cátedra UNESCO de Sustentabilidad.

El cambio climático ha demostrado los límites de las soluciones tecnológicas occidentales: represas gigantes que agotan ríos, sistemas de bombeo que colapsan sin electricidad, tuberías que se rompen en desastres.

Las tecnologías ancestrales, en cambio, trabajan con el ciclo natural del agua, no contra él. Se adaptan al terreno específico, usan materiales locales y son gestionadas por quienes las usan, no por corporaciones lejanas.

De la práctica ancestral al laboratorio global

Tras una conferencia internacional en Barcelona en 2023, científicos de 21 países acordaron crear una red de proyectos piloto en América Latina y el Caribe. El objetivo no es copiar exactamente estas técnicas, sino adaptar su lógica a los problemas actuales.

«La idea no es replicar, sino inspirar. Abrir los ojos a soluciones que quizás están presentes pero no las vemos», señala Javier Taks, director de la Cátedra UNESCO de Agua y Cultura de Uruguay.

La apuesta es clara: identificar estas tecnologías en regiones aún poco estudiadas —la Amazonía, las pampas argentinas, las islas del Caribe— y combinar su sabiduría con la ciencia moderna.

Mientras 2.200 millones de personas en el mundo aún no tienen acceso a agua potable segura, estas técnicas milenarias ofrecen algo que la ingeniería convencional no siempre logra: soluciones de bajo costo, mantenibles por las propias comunidades y resistentes al cambio climático.

En Perú, los andenes, amunas y waru waru no son reliquias del pasado. Son infraestructuras del futuro que nunca dejaron de funcionar.

Como resume Taks: «En todas partes hay algún tipo de conocimiento ancestral. Solo hay que mirar alrededor.»

¿Conocés alguna técnica tradicional de manejo del agua en tu región? Compartí tu historia.


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