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Turquía: Erdogan toma posesión como presidente y promete un nuevo comienzo

Por Walter Calabrese *

Recep Tayyip Erdogan asumió formalmente este lunes como presidente de Turquía en la toma de posesión ante el Parlamento. Se concreta entonces la continuidad del líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), de conformación islamista y conservador, quien obtuvo el 52 % de los sufragios en las pasadas elecciones del 24 de junio.

Es importante considerar, que luego de la reforma constitucional que fue aprobada en 2017 el país adoptaba un sistema republicano de perfil netamente presidencialista, eliminando así la figura de primer ministro. Ahora, Erdogan dispondrá de amplios poderes ejecutivos para decidir los pasos de su gestión.

La ceremonia se realizó en el palacio presidencial, donde asistieron más de 6000 invitados, e incluyó un ritual de inspiración otomana, con soldados que vestían ropas y uniformes de la época. Con una marcha militar recibieron al nuevo presidente y su esposa, Emine Erdogan. Entre los asistentes se encontraban 22 jefes de Estado, entre los que se encontraba el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y otros 28 primeros ministros. A la cita no acudieron los líderes occidentales, que miran de reojo a Erdogan después de haber tenido algunas diferencias políticas y diplomáticas con la Unión Europea y con los EEUU.

En su primer discurso afirmó que a partir de ahora Turquía vive un “nuevo comienzo”. Luego enfatizó: “Voy a tratar de trabajar con el planteamiento de no ser el presidente solo para aquellos que votaron por mí sino para la totalidad de los 81 millones de turcos”. En sus palabras intento remarcar la promesa de gobernar para todos, incluidos los que no lo votaron.

Erdogan es el hombre fuerte del país, ante las nuevas atribuciones que le otorgó la reforma constitucional aseguró que “Tendremos un Parlamento fuerte, con un Gobierno fuerte y una Turquía fuerte. Vamos a empezar a caminar hacia nuestro objetivo contra las organizaciones terroristas, con el lema, una nación, una bandera, un Estado, un país”.

Su discurso tuvo un tono más moderado que en otras oportunidades: “Ningún país, ni sociedad necesita un salvador. Lo que necesitamos es justicia y solidaridad”, agregó el líder turco. Además, prometió “hacer que todos los ciudadanos se beneficien de todos los derechos, sin importar a qué grupo étnico, religioso y regional proceden”.

Erdogan pretende hacer grandes reformas para “hacer de Turquía una de las 10 economías más grandes del mundo”, para ello buscará fortalecer la industria de defensa y la seguridad fronteriza, además de fortalecer la inversión en obra pública.

La figura de Erdogan sigue la tendencia de formar gobiernos con “hombres fuertes”, en este caso el presidente turco controlará la mayoría en el Parlamento, podrá realizar nombramientos en el poder judicial y conformar un ejecutivo sólido que apenas tendrá que rendir cuentas. Así, con el fin de la separación de poderes con el nuevo sistema de gobierno podrá hacer frente a cualquier intento golpista.

Erdogan y su esposa saludan a sus seguidores en ankara Imagen: AFP

Por otra parte, la prensa turca, que está en manos de grandes corporaciones cercanas al partido nacionalista islámico AKP, amaneció este lunes con titulares grandilocuentes como “SuperErdogan”, en alusión a la mayor cuota de poder que ahora tiene el presidente, algo nunca antes visto desde la época en la que los sultanes otomanos se sentían representantes de Dios. En este sentido, la superpresidencia prometida ha llegado para entusiasmar a sus seguidores agitando las banderas del nacionalismo.

No obstante, son muchos los que temen que el nuevo sistema presidencialista abra una pesada puerta a un autoritarismo ilimitado que no tenga ningún control parlamentario. Con las nuevas atribuciones en el poder Erdogan podrá promulgar decretos vinculantes y tendrá la capacidad de vetar leyes promulgadas por el Parlamento, que podrían sellarse con una mayoría simple de toda la cámara. Es decir, tanto en la oposición como en Europa piensan que el nuevo presidente gobernará por decreto sorteando todo mecanismo de control.

La reforma constitucional que fue aprobada por un referéndum en abril de 2017, fue votada por el 51,4% de los ciudadanos. Esa modificación también promueve cambios en el sistema de elección de jueces y fiscales. De este modo, Erdogan puede elegir directamente a cuatro e indirectamente a otros dos de los trece funcionarios del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales. Los siete miembros restantes serán elegidos por el Parlamento, que tiene mayoría absoluta, fruto de la coalición que formó el partido AKP con los ultranacionalistas MHP. Así, la extrema derecha concentra una fuerte cuota de poder pocas veces visto en la historia del país.

 

Los nuevos desafíos que tendrá que afrontar el gobierno

Aparece en primer plano los retos que deberá enfrentar para conducir la economía. Luego de 15 años de obras faraónicas y medidas financieras que alentaban el consumo, algunos economistas señalan que ese ciclo se está agotando. Además, deberá tomar medidas para frenar el alza de la desocupación y de una inflación que ya ha alcanzado los dos dígitos, hecho que ya complica los precios de la canasta básica de alimentos.

En segundo lugar, aparece el llamado estado de emergencia, que ha condicionado la vida de los turcos desde aquel violento golpe de Estado fallido del 15 de julio de 2016. Ese régimen permitió que se aprobaran decretos para despedir a más de 112.000 funcionarios, en muchos casos bajo la acusación de terrorismo, al tiempo que muchas organizaciones sociales eran clausuradas. También, esos sucesos dieron pie para que muchos periodistas fueran encarcelados. La medida ha sido prolongada en varias ocasiones, la última fue la semanada pasada.

En tercer término, asoma el largo conflicto que mantienen con los kurdos. Luego de junio de 2015, cuando el partido AKP había perdido la mayoría absoluta en el Parlamento, el proceso de paz entre el gobierno y la guerrilla kurda del PKK terminó de reventar una olla a presión que viene subiendo de temperatura al calor de la historia de estos pueblos. Esos desacuerdos terminaron en un nuevo ciclo de atentados, con guerras urbanas en el sureste del país y la recuperación de la mayoría parlamentaria a manos de AKP en la reedición de los comicios, en el mes de noviembre de 2015. A partir de allí, Erdogan se dispuso a “aplastar a los insurgentes”, lanzó una operación militar que tuvo éxito en Afrin, en el noroeste de Siria, en una zona que era gobernada por los sirios del PKK.
Infografía: Una Turquía bajo Erdogan hasta al menos 2023 | Statista Fuente: Statista

Otro de los temas que preocupa a Erdogan son los tres millones y medio de refugiados sirios que transitan por suelo turco. Al inicio de la guerra, hace siete años, Erdogan les abrió las puertas del país, y les otorgó algunos derechos, pero sin llegar a ser reconocidos como refugiados. Ahora, todo ha cambiado, la crisis migratoria que sufre toda Europa también afecta a Turquía, por eso ya no son bienvenidos como antes.

Las polémicas surgieron cuando los sirios entraron al mercado laboral y unos 50.000 migrantes tuvieron acceso al voto luego de haber tramitado la ciudadanía turca, algo que suscitó desconfianza en las fuerzas opositoras al gobierno. También, en una economía con dificultades, la mano de obra barata siria produjo malestar entre los turcos. Es por ello, que en la campaña electoral prometió enviar “a los cuatro millones de sirios de regreso a su país”. Desde hace dos años, Erdogan inició una política de puertas cerradas para los migrantes y favorecer el regreso de los refugiados sirios a su tierra.

En la actualidad, algunos analistas hablan de la “Era de los nuevos emperadores”, en la que incluyen a líderes como Vladimir Putin, Recep Tayyip Erdogan, Xi Jinping y Viktor Orban, que buscarían perpetuarse en el poder autocrático usando la nostalgia de sus respectivos imperios. Además, los consideran maestros de la represión y el culto personal.

Pedro Baños, un experto español en geopolítica afirma que estamos frente a un cambio de paradigma en los estilos de liderazgo. Sostiene que «emergen este tipo de líderes con enorme apoyo popular que son capaces de tomar decisiones a largo plazo y poner en marcha una diplomacia agresiva sin tener que dar explicaciones a nadie». Por su parte, la investigadora Milosevich-Juaristi afirma que “estos líderes apenas tienen críticas en sus propia casa. Todas les llegan del exterior. Juegan la carta del nacionalismo y el agravio histórico, pero detrás hay un afán de perpetuarse eternamente en el poder”.

Turquía ha optado por ceder todo el poder a Erdogán, creen que sólo un líder fuerte puede llevarlos por un camino donde no aparezcan ni las sombras de los sirios ni de los kurdos. No todos los ciudadanos desean una democracia parlamentaria, muchos prefieren un “emperador” que les solucione los problemas domésticos rápido, con mano dura, sin importar si hay que rendir cuentas del cómo y por qué de cada decisión. Por estas cuestiones, Erdogán perdura en el poder e inicia una etapa que parece no tener fecha de vencimiento.

Informe de Euronews

 

*Analista Internacional

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